Retroanálisis: P.O.W.


No hay duda que la época comprendida entre finales de los 80 y principios de los 90 fueron los mejores en cuanto a videojuegos arcade se refiere. La eclosión de compañías hoy consagradas como Konami o Capcom tuvo una seria y dura competencia con la aparición de una nueva plataforma, Neo-Geo, que en sus inicios se concibió para uso exclusivo en salones recreativos pero que, con posterioridad, vería la luz en versiones de sobremesa. Todo buen gamer ansiaba el haber tenido una de estas consolas en su casa, pero su precio era el principal y mayor escollo que tenía que sortear (algo más de 100.000 pesetas). Por ello no quedaba otra opción que acudir a los salones recreativos a probar los juegos de esta novedosa e impresionante plataforma, que tuvo en SNK la compañía más prolífica en cuanto a juegos para su placa. ¿Quién no se acuerda de títulos como la saga Metal Slug, Fatal Fury, Super Sidekicks, Soccerbrawl o Samurai Showdown? Pero el título que nos ocupa hoy, quizás no tan popular, formó parte del catálogo inicial de Neo-Geo y encumbró al género del beat ´em up al mismo tiempo que se aprovechó con sabiduría del filón cinematográfico imperante en los años 80.

Las películas bélicas, en aquel momento, acaparaban la atención del espectador y francamente funcionaban muy bien en taquilla (es el caso de la saga Rambo, que tenía su mayor competidor en pantalla en las primeras películas protagonizadas por el austriaco Arnold Schwarzenegger). P.O.W., acrónimo de Prisoners of war venía a recoger el argumento prototípico de las películas bélicas (con héroe protagonista, quien debía hacer frente a una amenaza terrorista él solo) protagonizadas por estos dos actores o incluso las de inferior calidad protagonizadas por Chuck Norris, para transportarlo al ambiente genérico de un videojuego. Así la premisa no podía ser más sencilla: uno o dos personajes (en función de si se quería jugar en modo individual o cooperativo), y que suponemos formaban parte del ejército norteamericano, habían sido capturados como prisioneros de guerra en una cárcel presumiblemente en Vietnam y se disponían a fugarse. Su mayor misión era lógicamente hacer frente a las hordas de soldados que no se lo pondrían nada fácil. El planteamiento jugable, por tanto, era bien sencillo (de hecho ya se había visto en otros juegos clásicos de 8 bits como la saga Renegade y que luego fueron explotados por las máquinas arcade en títulos como Final fight, Cadillacs and dinosaurs, hasta llegar a consolas de sobremesa como el Streets of rage de Sega Megadrive) . Por tanto, nuestros puños y piernas iban a ser nuestras principales armas, aunque a medida que avanzábamos era posible hacerse con armas de fuego o blancas soltadas por los enemigos al ser golpeados.

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El juego se desarrollaba en un habitual y característico scroll lateral en dos dimensiones, siempre de izquierda a derecha y casi siempre a un mismo nivel (no había posibilidad de subir o bajar voluntariamente plataformas). Las referencias son obvias, desde los clásicos que ya hemos apuntado pasando por el mítico Green Beret y que luego han dejado huella para otros modelos en un género que hoy quizás ha quedado en el olvido. P.O.W. se estructuraba en cuatro fases divididas entre sí por una simple imagen de felicitación al pasar cada ronda y su jugabilidad era tan directa y rítmica que su duración se podía extender aproximadamente a poco más de media hora, en función de la habilidad del jugador. Gráficamente el juego cumplía con creces sus pretensiones, no estábamos ante ningún alarde colorista como podrían ser otros títulos posteriores desarrollados por Capcom, quien cogió el testigo de este género. Esto no quita para que las animaciones estuviesen bien cuidadas cuando se procedía al golpeo, resultando incluso cómico el efecto exagerado de dicho impacto. Las fases recreaban el propio campo de concentración, pasando por la zona militar para finalmente adentrarnos en la selva y una zona industrial, donde concluía la aventura. A diferencia de otros juegos la dificultad de este título radicaba en que los enemigos no atacaban de un en uno sino que se podrían generar diversas reyertas donde la coreografía y el timing del jugador eran vitales para no perder porciones de vida. Lógicamente al tratarse de una máquina recreativa, con el afán recaudador que ello conlleva, la dificultad era bastante exigente, incluso en el modo cooperativo donde ésta crecía más si cabe. 
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El juego en su modo single player ofrecía gran diversión, entretenimiento y un reto al jugador, pero esa diversión se multiplicaba al 200% cuando otro jugador acompañaba la aventura. Era aquí cuando la coordinación entre los dos jugadores se antojaba como necesaria para poder salir airosos y poder contarlo. A los puños y a las patadas se les unía la posibilidad de utilizar armas de fuego y armas blancas, las cuales dejaban los soldados cuando eran heridos, e incluso cuando las armas de fuego se quedaban sin munición podíamos usarlas para golpear con la culata. La diversión estaba asegurada, y es que P.O.W. no hacía más que pensar ensalzar la moda imperante en la época y que se vivía en las salas cinematográficas y aportarle una dosis jugable directa. Quizás no estemos ante un título punteros de la compañía SNK, como sí lo fuera la saga Metal Slug, y tampoco poseía el colorido y el asombroso apartado gráfico de la misma pero sí es un título digno de reseñar y que incitaba al jugador a introducir monedas, una tras otra, para poder acabar la campaña. Sólo quizás se eche en falta la aparición de jefes finales más carismáticos y espectaculares que los presentes y algo más de espectácularidad, resultando algo monocorde la acción que destila el título en cuestión.
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No obstante y a pesar de su escueto y suficiente apartado gráfico y técnico es indudable que Prisoners of war es un juego recordado con cierta nostalgia entre los gamers hoy en día. Pero lo que sí destacaba era el aspecto sonoro, aunque no precisamente en sus melodías, ya que desde luego no son excesivamente significativas y simplemente se limitaba  a acompañar e ilustrar los momentos de acción que se veían en pantalla, pero sí los efectos sonoros. Así, los sonidos de las explosiones de las granadas, el ruido de las ametralladoras, los gritos cuando herías o te herían, las hélices de los helicópteros, todo estaba muy bien recreado, lo que generaba una inmersión total en ese escenario bélico. Si recuerdas con cierta nostalgia películas como la saga Rambo, Comando o eres de esos que ama en silencio las películas de Chuck Norris desde luego este juego has de probarlo. Y es que a pesar de que P.O.W. no esté entre los grandes títulos que salieron para la plataforma NEO-GEO tanto en su versión arcade como en su posterior versión de sobremesa que sólo unos pocos afortunados pudieron poseer, este juego merece ser descubierto por méritos propios y por lo que supuso para las generaciones venideras. Obviamente a día de hoy nos quejaríamos que de un juego que dura aproximadamente media hora tuviésemos que desembolsar por él 12.000 pesetas de la época y, por ello, y por su desmesurado precio, la consola de sobremesa NEO-GEO no llegó a las colecciones de muchos aficionados al mundo de los videojuegos. Por ello, y a pesar que el juego fue porteado también a NES, con las obvias limitaciones que ello supone, si puedes acudir a los a la multitud de emuladores que existen en Internet no pierdas la ocasión de disfrutar este gran juego de finales de los años 80, y aún serías más afortunado si pudieses catarlo en su recreativa original. Te aseguro que no te vas arrepentir de la experiencia. El beat ´em up  ha muerto, ¡Larga vida al beat ´em up!




 

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